
Hace pocos días recibí una llamada grata pero inesperada..
Un entrañable amigo se casa pronto y como manda la ley y las buenas costumbres se realizará una pomposa despedida de soltero.
El padrino tuvo la estoica tarea convocar a los invitados e implementar una de las dos despedidas que habrá, la primera; manteniendo las formalidades con la novia y los respectivos amigos, y la segunda, a los pocos días, la despedida de verdad, en la que no participará por supuesto ningún allegado de la novia y así no arriesgar la supervivencia de algunos de los asistentes.
La participación-colaboración para tal evento es de $100 con todo incluido.
Ahora, “todo incluido” significará TODO incluido? Yo creo que sí. Por algo la única restricción es “No Celulares con Cámara”.
Cuando uno va creciendo se va disociando de ciertas personas que por razones diversas no comparten tus mismos deseos o costumbres, sin que ello signifique la evanescencia del cariño o respeto. Sin embargo, cuando un acontecimiento de tal envergadura sucede, amerita que todos nos volvamos a encontrar. Convergiendo además los recuerdos de siempre, las chapas, las bromas, y los deseos colectivos impíos que en nuestras adolescencias no pudimos concretar.
Ya comenzaron las llamadas para armonizar coartadas de escape en caso de nuestros compañeros de carpeta universitaria que ya están casados y que por ningún motivo se perderán la despedida. Claro, dichas coartadas consideran 24 horas post despedida para la resurrección.
Si bien, los preparativos de la despedida se ejecutan con la mayor reserva posible, algunas vivaces lenguas se adelantan a lo que sucederá imaginando las versiones más descabelladas, entre las que he escuchado “Van a alquilar una casa en Chaclacayo”, “Las flacas son del Club 69”, “Han contratado una ambulancia porsiaca”… “Jack Daniels auspiciará el evento”, entre otras que por reglamento del Blog no puedo exponer.
No se que pasará en ésta, pero augura ser una gran despedida…
Básicamente, y según mi percepción, una despedida de soltero en nuestros días dejó de ser una celebración por el gran paso hacia el matrimonio, menos aún una felicitación por haber encontrado a la mujer con la que se compartirá EL RESTO DE LA VIDA… Yo creo que los hombres celebramos la despedida de soltero como una festividad para los amigos que nos acompañaron en la soltería, los cuales tendrán una última noche para hacernos entrar en razón e intentar convencernos de desistir de tal romántica aventura.
Para lo cual tendrán herramientas tan sutiles como las mejores mujeres, el mejor alcohol, y un ambiente de “verdadera libertad”.
Si se pasa esa prueba, los amigos “bendecirán” la decisión.
No he visto, ni he escuchado una despedida de soltero en la que el novio no sucumba ante los encantos de una mujer que podría literalmente desnucar a cualquier individuo con sus dádivas.
Tampoco he visto ni escuchado que el novio “entre en razón” y cambie de opinión cancelando la boda y renuncie a todo lo que había pensado hasta antes de esa noche, desatando el caos en su entorno.
Así que podré concluir que la despedida de soltero es una tradición alimentada por la necesidad de escapar momentáneamente de la cotidianeidad, regresando a una época de la vida en la que se intentaba crecer y ser feliz, y que hoy, en una sola noche, se confirma ante los amigos que tales intentos acabaron, ya que se encontró la felicidad y seguro la “verdadera libertad” en compañía de una hermosa mujer.
Nos vemos en la despedida, y si aún estamos vivos, en la boda..!!
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